
¿Quién no ha jugado de niño a esconder pequeños tesoros?, ¿y soñado con encontrar un cofre perdido? Quizá en esta ilusión se base el ‘geocaching’, una iniciativa creada Estados Unidos y que poco a poco va ganando nuevos adeptos en nuestro país.
El ‘
geocaching’ consiste en la búsqueda, con la ayuda de un GPS, de contenedores con pequeños objetos en su interior, que previamente han sido escondidos por otros seguidores de la iniciativa. Los ‘geocachers’ utilizan recipientes estancos en los que guardan objetos de lo más variado, generalmente de escaso valor. Normalmente, cuando un participante encuentra uno de estos contenedores o ‘geocaches’ puede coger uno de los objetos que guarda y reemplazarlo por otro que aporte. Sin embargo, en muchas ocasiones, el placer de la superación del reto es suficiente recompensa. Es habitual que entre los pequeños objetos que contenga se encuentre un pequeño cuaderno a modo de libro de visitas, en el que los descubridores irán añadiendo sus nombres, fecha de su descubrimiento o cualquier anécdota o comentario que quiera incluir el buscador.
Este nuevo deporte nace en Estados Unidos, donde David Ulmer organiza en el año 2000 la primera actividad de ‘geocaching’ en los alrededores de la ciudad de Portland. Desde entonces la iniciativa se ha ido extendiendo a gran número de países en buena parte gracias a la popularización de los aparatos GPS.
La iniciativa es coordinada desde diversas páginas web, siendo la principal de ellas
geocaching.com, que a día de hoy cuenta con las coordenadas de más de
850.000 ‘tesoros’ activos por todo el mundo, algunos en lugares tan remotos como la Antártida, Nepal o las ruinas de Petra en Jordania.
En algunos casos, la localización del ‘geocache’ no es más que la primera fase de una serie de nuevas búsquedas, ya que en ocasiones, lo que aguarda en su interior son las coordenadas de un nuevo tesoro por descubrir. Su hallazgo a veces supone retos físicos importantes y es que, aunque en general su localización no entraña una excesiva complejidad, en otros casos exige a los buscadores caminatas de varias horas, o incluso su acceso está limitado a aquellos que dominen la escalada o el buceo.